Neuroropsicólogos llaman en el CIN 2026 a entender la conducta infantil desde el cerebro y el entorno

Santo Domingo. – La conducta de un niño no puede entenderse únicamente a partir de un diagnóstico psicológico, una prueba o su comportamiento dentro del aula.
Así lo advirtieron especialistas nacionales e internacionales durante el Segundo Congreso de Innovación en Neurociencias, Psicología y Educación (CIN 2026), celebrado el pasado 26 de septiembre en el Hotel Catalonia.
Durante la jornada, profesionales de la neuropsicología, psicología y educación abordaron la conducta infantil, las funciones ejecutivas, la inclusión educativa y el impacto de los dispositivos electrónicos, advirtiendo que una categoría diagnóstica puede resultar demasiado general para determinar qué necesita una persona en particular.

Uno de los planteamientos centrales estuvo a cargo del psicólogo y neuropsicólogo David Vásquez, director del Centro Neuropsicología RD, quien sostuvo que la evaluación debe comenzar a mirar al individuo dentro de su realidad y no únicamente desde el consultorio o desde una etiqueta diagnóstica.
El especialista insistió en que la intervención debe considerar el entorno en que se desenvuelve la persona y no puede limitarse al espacio clínico.
“¿Cómo yo puedo entender mejor las necesidades de mis pacientes? ¿Cómo yo puedo entender mejor las necesidades de mis estudiantes?”, planteó.

Vásquez insistió en intervenir “no sólo en el consultorio, sino en la vida”, ya que, el abordaje debe partir de las fortalezas y dificultades particulares, combinar apoyos individualizados y adaptar el entorno en el que se desenvuelve el paciente.
En su ponencia “Evaluación e inclusión basadas en patrones neurocognitivos”, el neuropsicólogo propuso que las evaluaciones no se concentren exclusivamente en establecer qué trastorno tiene una persona, sino que también permitan identificar cómo funcionan sus procesos.
«Un perfil neurocognitivo es una descripción de las fortalezas y las debilidades que tiene una persona en los diferentes procesos cognitivos: atención, memoria, lenguaje, motricidad, funciones ejecutivas», explicó.

A su juicio, esa información permite diseñar intervenciones ajustadas a las características particulares de cada estudiante o paciente, en lugar de aplicar respuestas generales basadas en el diagnóstico.
«Las categorías diagnósticas no son suficientes para capturar las necesidades reales de las personas», destacó.
Un enfoque transdiagnóstico
Vásquez presentó el enfoque transdiagnóstico, que busca identificar los procesos comunes entre diferentes trastornos, en lugar de centrarse únicamente en las categorías clínicas.
«En este enfoque transdiagnóstico lo que busca entender son los procesos que son comunes en trastornos diferentes», indicó.

La impulsividad, por ejemplo, puede presentarse en personas con TDAH, trastorno explosivo intermitente, trastorno bipolar o adicciones. La evitación, en tanto, puede aparecer en diferentes trastornos de ansiedad.
«En vez de preguntarse qué diagnóstico tiene esta persona, porque ya sabemos que no es suficiente para responder a las necesidades, se pregunta qué mecanismos están manteniendo sus dificultades de este individuo particular», comentó.
La inclusión más allá del aula
El especialista también cuestionó que la inclusión educativa se mida principalmente por el lugar en el que se encuentra el estudiante.
Señaló que, aunque la educación inclusiva busca responder a las necesidades de todos, en la práctica todavía se presta mucha atención a determinar si un niño puede permanecer en un aula regular, si debe asistir a un espacio especializado o si el centro educativo está preparado para recibirlo.
«El problema no es la localización. El problema probablemente sea otro», expresó.
Al referirse a la evolución de la inclusión educativa en República Dominicana, mencionó las aulas de recursos como parte de los esfuerzos que han permitido avanzar desde modelos de exclusión y segregación hacia formas de integración escolar.
No obstante, consideró que el desafío actual consiste en lograr que la respuesta educativa se adapte a las necesidades del estudiante y no que toda la responsabilidad recaiga sobre él.
«Ya no vemos el niño como la dificultad. Ya vemos el niño que tiene sus características, su perfil neurocognitivo, pero que está interactuando constantemente en un entorno y dependiendo de cómo reaccione ese entorno, esa conducta se puede moldear para bien o para mal», sostuvo.
«La inclusión no es solamente ubicar a una persona. La inclusión es comprender su perfil y nosotros ajustar la respuesta con estimulación, compensación y modificación del ambiente», concluyó.
La conducta cambia y el cerebro también
En tanto, el neuropsicólogo chileno Juan Carlos Oliveros llamó a mirar el comportamiento disruptivo de los niños desde una perspectiva más amplia, comprender cómo funcionan las neuronas, el cerebro y el entorno en el que se desarrolla cada persona.
Para Oliveros, el problema no consiste únicamente en identificar una conducta o asignarle una categoría, sino en comprender qué está ocurriendo en la vida del niño.
“El problema real es entendernos, entender la realidad, cómo es su vida”, planteó durante su intervención.
El especialista destacó el impacto que tienen los dispositivos tecnológicos en la vida cotidiana y en los procesos relacionados con la atención y la conciencia.
“Entregamos nuestra paz y salud a los dispositivos”, afirmó.
Durante su exposición, Oliveros explicó que la conducta y el comportamiento de un niño no son elementos estáticos y pueden modificarse a lo largo de los años de la mano de sus factores familiares y ambientales.
En ese sentido, destacó el concepto de plasticidad cerebral, al señalar que “el cerebro es plástico”, por lo que las experiencias, el aprendizaje y el contexto forman parte de los procesos de cambio.
Sin embargo, Oliveros llamó a evitar una conclusión apresurada.
“Esperamos no rotular de inmediato, porque lo que hagamos hoy va a acompañar a ese niño toda su vida”, expresó.
El cerebro es social
La necesidad de comprender el funcionamiento cerebral también fue abordada desde la educación por la puertorriqueña Suzette Mirabal, quien cuestionó algunos modelos tradicionales de organización de las aulas.
Mirabal señaló que cuando los estudiantes permanecen sentados en filas, uno detrás de otro, se reducen las posibilidades de conexión e interacción entre ellos.
“Olvidamos que el cerebro es social”, sostuvo.
Desde su perspectiva, la educación debe prestar mayor atención al desarrollo de habilidades cognitivas y sociales, así como a las condiciones que permiten que los estudiantes aprendan unos de otros.
Mirabal señaló que en el pasado existía una relación más estrecha entre maestros y padres como aliados en la educación de los niños, mientras que actualmente muchas escuelas están asumiendo responsabilidades que trascienden la enseñanza académica.
Según expuso, esto genera una carga adicional para las instituciones educativas.
LEGO como herramienta para desarrollar habilidades
Como parte de las estrategias de intervención, Mirabal presentó el LEGO Serious Play, una metodología que utiliza una cantidad reducida de piezas de construcción para estimular procesos de pensamiento, expresión y resolución de problemas.
La especialista aclaró que no se trata simplemente de jugar con piezas.
“No es solo jugar, es asumir un reto y que se construya una metáfora usando las piezas”, explicó.
La metodología busca trabajar habilidades como planificación, organización, resolución de problemas, comunicación, socialización y capacidad para compartir.
Una de sus reglas fundamentales, explicó Mirabal, es que todos construyen y todos forman parte del proceso, evitando exclusión.
La propuesta parte además de una idea aparentemente sencilla: trabajar con menos piezas puede estimular más la creatividad que disponer de una cantidad ilimitada de opciones.
Según su planteamiento, el cuándo existe demasiadas piezas puede aparecer el deseo de construir algo perfecto, mientras que una cantidad limitada obliga a trabajar con los recursos disponibles, tomar decisiones y encontrar soluciones.
La especialista vinculó esta metodología con los cambios que experimenta actualmente la intervención dirigida a personas neurodivergentes.
“La intervención en neurodivergentes está cambiando”, afirmó.
Flexibilidad cognitiva para resolver problemas
Otro de los ejes abordados durante el congreso CIN 2026 fue la necesidad de activar las funciones ejecutivas para que las personas puedan tomar decisiones, resolver problemas y adaptarse a situaciones cambiantes.
El especialista español Jesús Guillén, de la Universidad de Barcelona, explicó que la memoria de trabajo es limitada y que, por ello, es necesario activar otras funciones ejecutivas para procesar información y actuar de manera adecuada.
Dentro de estas habilidades destacó la flexibilidad cognitiva, relacionada con la capacidad de cambiar de estrategia, analizar una situación desde diferentes perspectivas y buscar alternativas ante un problema, procurando “salir de la caja”.
En una intervención neuropsicológica o educativa dijo que es necesario considerar factores indirectos que pueden afectar el desempeño, como el cansancio, el estrés o la sensación de agobio.
También destacó la importancia de establecer buenas rutinas y trabajar habilidades para la vida cotidiana.
“Crear buenas rutinas, trabajar habilidades para la vida, ser un buen ejemplo porque si no, no hay nada que hacer. Se puede aprender de forma diferente, con cerebro, con pasión”, expresó.
Sobre el evento
El Segundo Congreso de Innovación en Neurociencias, Psicología y Educación reunió el sábado 26 de septiembre en el Hotel Catalonia de Santo Domingo a especialistas de República Dominicana, España, Puerto Rico, Estados Unidos y Colombia.
La actividad fue organizada por Centro Neuropsicología RD, institución dedicada a la evaluación e intervención neuropsicológica y a la formación profesional.
El programa incluyó temas relacionados con evaluación neurocognitiva, funciones ejecutivas, autorregulación, neuroeducación e inclusión educativa, con la participación, entre otros, de Jesús Guillén, Suzette Mirabal, Juan Carlos Oliveros, Aida Collazo, María Hernández, Agneris Algarrobo y David Vázquez.
La segunda edición del congreso dio continuidad a la iniciativa desarrollada en 2025 y buscó fortalecer el intercambio entre profesionales de diferentes disciplinas.
Las distintas exposiciones mostraron que la neuropsicología y las neurociencias están ampliando su campo de acción: desde la evaluación clínica y el diagnóstico hacia la escuela, la familia, las rutinas cotidianas, la tecnología, las relaciones sociales y el ambiente en que se desarrolla cada persona.







