
Cuando hablamos de mejorar la calidad de vida del médico dominicano, el salario es, sin duda, un punto primordial. Partimos de una realidad: contamos con una de las remuneraciones médicas más bajas de la región, mientras el costo de vida y los gastos en sus distintas dimensiones continúan aumentando. Por eso, en el episodio anterior analizamos esta situación y planteamos una solución. Sin embargo, también debemos hablar de tiempo: tiempo para recuperarse, compartir con la familia, estudiar, crecer profesionalmente y alcanzar un equilibrio entre la vida personal y laboral.
Durante años, el médico ha tenido que adaptarse a un modelo que lo obliga a responder a las necesidades del sistema, asumiendo continuamente tandas y turnos adicionales para alcanzar una remuneración que le permita cierto grado de estabilidad económica.
Es imprescindible una nueva organización del trabajo, partiendo de una remuneración adecuada que permita al médico concentrar en un solo lugar los ingresos que actualmente obtiene de dos puestos de trabajo. No todos los servicios hospitalarios tienen las mismas demandas, ni todos los médicos requieren el mismo nivel de dedicación. Por eso, propongo tres modalidades de trabajo, adaptadas tanto a las características de cada servicio como a las diferentes realidades profesionales.
Primera modalidad de Nomina completa de servicios programados.
Estaría dirigida principalmente a los médicos de consulta externa, consulta especializada, hospitalización, imágenes y estudios diagnósticos.
Se propone una jornada de 30 horas semanales, organizada en tandas regulares, sin turnos nocturnos ni turnos extras de 24 o 12 horas durante la semana laboral, fines de semana o feriados.
Esto permitiría extender las tandas de los servicios, aprovechar mejor las instalaciones y facilitar que el médico pueda involucrarse en responsabilidades académicas, administrativas y de gestión dentro de la institución.

Segunda modalidad nomina completa de servicios permanentes.
Estaría dirigida principalmente a emergencias, cirugía y cuidados intensivos, servicios que requieren cobertura permanente.
En este caso, el médico tendría 15 horas semanales de jornada regular, complementadas con turnos de 12 horas, tanto nocturnos como diurnos durante la semana laboral, fines de semana y feriados. Estos turnos tendrían una frecuencia de un turno cada 6 días o 8 días.
Un cambio particularmente importante sería sustituir los servicios médicos de 24 horas por turnos de 12 horas. Las jornadas prolongadas aumentan la fatiga y pueden afectar la concentración, la capacidad de decisión y el desempeño clínico, aspectos especialmente relevantes en servicios de alta complejidad como emergencias y cuidados intensivos.
Una jornada de 12 horas permite una distribución más equilibrada del tiempo de trabajo y descanso, facilita la recuperación del médico y deja períodos más previsibles para la familia, las actividades personales y la formación profesional. También facilita la organización entre compañeros: intercambiar o cubrir un turno de 12 horas es mucho más práctico y viable que intercambiar una jornada completa de 24 horas, lo que permite mayor flexibilidad ante compromisos personales o imprevistos. A su vez, el relevo entre profesionales resulta más manejable después de 12 horas que tras una jornada de 24 horas continuas, favoreciendo una mejor comunicación, continuidad de la atención y seguridad del paciente.
Para el hospital, además, puede significar una programación más ordenada y una distribución más eficiente del recurso humano. Los turnos de 12 horas sumado a las tandas programadas de 15 horas semanales permiten establecer con mayor previsibilidad los horarios, organizar los relevos y distribuir las cargas de trabajo, facilitando la cobertura de los servicios, las vacaciones, los permisos y las ausencias. También permiten identificar con mayor claridad las necesidades reales de personal y reducir la dependencia de cambios improvisados o de jornadas excesivamente prolongadas para garantizar la cobertura.
En definitiva, organizar mejor las jornadas no solo beneficia al médico: también permite que el hospital cuente con profesionales en mejores condiciones para tomar decisiones y ofrecer una atención más segura al paciente.
El compromiso debe ser de ambas partes. Estas modalidades requieren un alto compromiso del médico con la institución y, por tanto, deben contar con una remuneración justa y significativa.
La propuesta busca que el médico pueda concentrar todo su talento, experiencia y conocimientos en una sola institución, unificando las horas que actualmente distribuye entre dos o más trabajos y recibiendo una remuneración equivalente a la que obtenía por ese conjunto de jornadas, siempre que exista el compromiso de cumplir con las horas, funciones y responsabilidades establecidas.
Tercera modalidad, Nomina parcial
Finalmente, debemos considerar una tercera modalidad para aquellos profesionales que no requieran o no puedan asumir una jornada completa en una sola institución.
En estos casos, se establecería una jornada parcial, con un número definido de horas, funciones y responsabilidades, y una remuneración proporcional al tiempo de trabajo y al nivel de responsabilidad asumido.
Esta modalidad permitiría que un médico pueda mantener una vinculación con el sector público y, al mismo tiempo, ejercer en el sector privado o castrense, pero de manera organizada, con horarios claramente establecidos y sin necesidad de recurrir a jornadas superpuestas o a esquemas desordenados de pluriempleo.
También podría ser una alternativa para profesionales que desarrollen actividades académicas, de investigación, administrativas y que, por sus características, no requieran una dedicación institucional completa.
La clave sería que cada hora de trabajo esté claramente definida y remunerada, de acuerdo con las funciones y responsabilidades asumidas.
De esta manera, con estas tres modalidades, no todos los médicos tendrían que ajustarse a un único modelo de trabajo que, en la actualidad, no solo resulta poco efectivo, sino que también genera desigualdad en las condiciones y horarios de trabajo. La institución podría contar con diferentes modalidades, mientras que el médico tendría la posibilidad de elegir aquella que mejor se adapte a su realidad profesional, siempre dentro de un esquema organizado y con un compromiso laboral claramente establecido.
Pero el beneficio no termina en el médico. Reorganizar las jornadas también puede permitir que el hospital utilice mejor su capacidad instalada. Ampliar o redistribuir los horarios de atención, aprovechar las instalaciones durante más horas y aumentar la disponibilidad de consultas, estudios diagnósticos y otros servicios son posibilidades que surgen de una mejor organización del recurso humano.
Tandas más extensas pueden significar más consultas, más estudios, mayor acceso para la población y también mayores ingresos para las instituciones de salud, mediante un mejor aprovechamiento de su infraestructura y capacidad.
Porque médico y paciente no son intereses contrapuestos.
Por último, y es de los puntos más importantes, si las condiciones de jornada, horarios y remuneración tienden a organizarse bajo criterios similares, los hospitales tendrán que ir más allá de ofrecer simplemente un puesto de trabajo. Deberán desarrollar políticas que hagan atractivo para el médico elegir dónde desea desarrollar su actividad profesional. Ambiente laboral, oportunidades de formación, desarrollo académico, participación en proyectos, reconocimiento profesional, condiciones de trabajo y otros incentivos pueden convertirse en elementos diferenciadores. En otras palabras, el médico también debe tener la posibilidad de elegir dónde quiere trabajar.
Además, aumentar la competitividad entre los hospitales puede generar un efecto positivo que trascienda al propio médico. Cuando los centros de salud compiten por atraer y retener profesionales, también se ven impulsados a mejorar sus condiciones laborales, sus procesos, sus programas académicos y su organización, lo que puede traducirse en una mejora progresiva de la calidad de los servicios que ofrecen a la población.
Una mayor competencia entre hospitales puede convertirse en un verdadero motor de mejora continua y multiplicar el impacto positivo sobre el sistema de salud.
La competencia entre hospitales debe dar un gran paso: trascender los beneficios para el hospital como institución y el desarrollo del médico como profesional. El médico no es solamente un profesional; también es una persona con una familia, necesidades, intereses, proyectos y una vida que existe más allá del hospital. Por eso, los centros que quieran atraer y conservar a sus médicos tendrán que comenzar a pensar en incentivos que reconozcan también esa dimensión humana.
Algunos incentivos serán expuestos en nuestro último episodio.







