ActualidadArticuloSalud Mental

Salud mental: la deuda invisible que el país no puede seguir postergando

Salud mental: la deuda invisible que el país no puede seguir postergando
50views

Mientras iniciamos un año nuevo, miles de dominicanos enfrentan también un peso que no se ve, pero que determina su productividad, su estabilidad familiar y, en muchos casos, su supervivencia.

Por: Alexandra Hichez /Psiquiatra

La salud mental en República Dominicana no es un problema emergente: es una crisis estructural cronificada, donde la depresión, ansiedad, esquizofrenia, consumo problemático de sustancias, alcoholismo, suicidio, violencia intrafamiliar, embarazos en adolescentes, abandono escolar no son fenómenos aislados; son síntomas de un sistema que no ha priorizado el bienestar psiquiátrico ni psicológico como eje del desarrollo nacional.

Actualmente tenemos que la demanda supera ampliamente la capacidad de atención, no estamos ni cerca de que la atención primaria integre plenamente la salud mental en su agenda y carpeta porque aún falta el desarrollo de la estructura-inversión y que esta sea sostenible, el estigma continúa retrasando la búsqueda de ayuda a tiempo y las familias cargan solas con el impacto emocional y económico.

NO ESTAMOS FRENTE A UNA “FALTA DE CONCIENCIA”, SINO FRENTE A UNA FALTA DE DECISIÓN POLÍTICA DE ESTADO.

La salud mental no es una preocupación periférica; es una emergencia de salud pública con impacto social, económico y humano:

•             1 de cada 5 dominicanos aproximadamente un 20 % de la población sufre algún trastorno mental

•             1 de cada 5 personas atendidas por crisis psicológicas reporta ansiedad (5.7 %) y depresión (4.7 %)

•             El suicidio, es la tercera causa de muerte entre jóvenes de 20–29 años y cada suicidio es una tragedia individual pero también un indicador colectivo.

•             Entre 2019 y 2023 se registraron 3,152 suicidios, y casi el 60 % estuvo vinculado a depresión u otros trastornos de salud mental.

•             La tasa de suicidio se ha mantenido entre 6.6 y 7.13 por cada 100,000 habitantes, con hombres suicidándose aproximadamente 6 veces más que mujeres.

Recursos muy insuficientes frente a la magnitud del problema a pesar de su impacto en la vida de millones de dominicanos con una inversión de menos del 1 % del presupuesto nacional de salud cifra muy por debajo de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Carecemos incluso del número de camas psiquiátricas por la cantidad poblacional y unidades especializadas, obligando a las familias a costear atención privada o a improvisar cuidados en contextos inadecuados en el mejor de los casos ya que la realidad es que llegan a estar en situación de calle.

A todo esto, sumémosle la ausencia de programas nacionales robustos de prevención y atención a cada renglón de necesidades identificadas y establecidas.

Hay unas inmensas brechas entre el discurso y la ejecución. Invertir en salud mental no es un gasto social, es una política económica inteligente.

Cada peso invertido en prevención y atención oportuna traduce beneficio estatal en: disminución de costos hospitalarios actuales y futuros, aumenta y mejora la productividad laboral, disminuye la violencia y la carga judicial, fortalece la cohesión social, pero sobre todo se salvan vidas y familias.

Hay pasar del discurso a una política de Estado

La salud mental no puede seguir siendo una agenda fragmentada ni dependiente de voluntades individuales. Requiere un plan nacional con visión de Estado, sustentado en cuatro pilares:

1.           Prevención temprana, desde escuelas, comunidades y entornos laborales.

2.           Atención accesible, integrada a la atención primaria, hospitalización y UN CENTRO ESPECIALIZADO Y DE REFERENCIA.

3.           Protección legal y social, para evitar criminalización, abandono y exclusión.

4.           Datos y evaluación, porque lo que no se mide, no se gestiona ni se gestionan los recursos

Este plan no debe diseñarse para “lucir bien”, sino para impactar con indicadores reales: salud mental colectiva, suicidio, ausentismo laboral, violencia, discapacidad y gasto sanitario.

Invertir en salud mental no es un gasto social, es una política económica inteligente.

Invertir en salud mental es invertir en el país y gobernar con más estabilidad.

Ahora mismo el país tiene dos opciones:

•            Seguir administrando crisis visibles y trágicas

•            O enfrentar, con valentía, la crisis invisible que las alimenta.

Es hora de políticas públicas con visión integral, recursos adecuados y estrategias basadas en evidencias no de excusas ni palabras emotivas.

Si el país aspira a crecimiento sostenible, equidad y justicia social, debe aceptar que el bienestar psiquiátrico/psicológico de su población es una pieza clave del desarrollo.

Convertir la urgencia silenciosa de la salud mental de millones de dominicanos en una prioridad nacional con resultados medibles. EL VERDADERO CAMBIO COMIENZA DONDE NO SE VE.

Leave a Response

X