
Por: Yesenia Barrios/ Especialista en Marketing Digital
El caso de presunta corrupción que involucra al Seguro Nacional de Salud (SeNaSa) ha marcado un punto de inflexión en la percepción pública del sistema sanitario dominicano. Más allá de los montos investigados y de los procesos judiciales en curso, el verdadero impacto se manifiesta en el paciente: en su confianza, en sus decisiones de cuidado y en la relación que sostiene con médicos e instituciones que, en su mayoría, no están involucrados en los hechos cuestionados.
En este contexto, el sector salud enfrenta un doble desafío: gestionar el impacto emocional y económico en los pacientes y proteger la reputación profesional en medio de un entorno altamente judicializado y mediático.
El impacto del escándalo en la confianza del paciente
La cobertura mediática constante ha generado un efecto colateral profundo: la desconfianza institucional. Para el paciente afiliado a SeNaSa, el escándalo no se percibe como un hecho aislado de corrupción administrativa, sino como una amenaza directa a su derecho a recibir atención oportuna, medicamentos y tratamientos continuos.
Esto se traduce en:
- Inseguridad frente a autorizaciones y coberturas.
- Sospecha ante retrasos administrativos.
- Mayor ansiedad durante el proceso de atención.
- Dudas sobre la sostenibilidad del sistema que respalda su cuidado.
Aunque el médico tratante no tenga ninguna responsabilidad en los hechos investigados, muchas veces se convierte en el primer receptor de la frustración del paciente, lo que tensiona la relación médico-paciente y afecta la percepción de calidad del servicio.
¿Es correcto el llamado a retirar el exequátur a médicos implicados?
Dentro del debate público ha surgido el llamado a retirar el exequátur a médicos que presuntamente participaron en acciones ilícitas relacionadas con el caso SeNaSa. Desde una perspectiva legal, ética y profesional, este tema requiere un abordaje responsable y alejado del juicio mediático.
El exequátur médico no es solo una habilitación legal para ejercer; representa un compromiso con la ética, la vida y el interés público. Cuando un profesional de la salud utiliza su rol para cometer fraude, corrupción o asociación ilícita que afecta directamente al sistema sanitario, se configura una falta grave que trasciende lo administrativo.
No obstante, es fundamental subrayar que:
El retiro del exequátur aplicado correctamente, no constituye una persecución al gremio médico, sino un mecanismo de protección de la profesión y de recuperación de la confianza social.
La conducta esperada de médicos y centros no involucrados
Para los médicos y centros de salud que trabajan con SeNaSa y no están vinculados al caso, la respuesta no puede ser la pasividad. Hoy más que nunca es necesario asumir una conducta estratégica, ética y comunicacionalmente responsable.
Algunas acciones clave incluyen:
Comunicación clara y empática:
Explicar al paciente qué procesos dependen del seguro y cuáles del centro, evitando silencios que alimenten rumores o desinformación.
Educación al paciente:
Orientar sobre derechos, cobertura, canales de reclamo y continuidad de atención fortalece la relación y posiciona al profesional como aliado, no como parte del problema.
Coherencia y ética visible:
La reputación se construye con hechos: trato digno, transparencia en facturación, cumplimiento de protocolos y seguimiento clínico adecuado.
Marketing relacional y prevención de conflictos:
El seguimiento postconsulta, la escucha activa y la medición de satisfacción ayudan a detectar inconformidades antes de que escalen a quejas públicas o acciones legales.
Conclusión: la gestión de la reputación como pilar del ejercicio médico
El caso SeNaSa deja una lección contundente para el sector salud dominicano: la excelencia clínica ya no es suficiente si no va acompañada de una gestión consciente de la reputación profesional.
En un país con un alto índice de demandas contra médicos, no solo por presunta mala praxis, sino también por conflictos administrativos, mala comunicación y la ventilación pública de asuntos de índole personal que terminan afectando el ejercicio profesional, el manejo adecuado de crisis reputacional es una necesidad estratégica.
La experiencia reciente demuestra que:
- Una crisis mal gestionada puede destruir años de trayectoria profesional.
- El silencio o la improvisación amplifican el daño.
- Contar con asesoría legal y comunicacional especializada protege al médico y a la institución.
Prepararse para escenarios de crisis, comunicar con responsabilidad y actuar con ética no debilita al profesional de la salud; por el contrario, lo fortalece, preserva la confianza del paciente y contribuye a la estabilidad de un sistema que hoy necesita más que nunca referentes de integridad y compromiso con la vida.







