Expertos explican por qué el cuerpo se hace dependiente tras usar fármacos como Ozempic

Estados Unidos. – Un exhaustivo análisis publicado en The BMJ, que revisó 37 estudios con más de 9.300 participantes, ha desmontado la narrativa del «milagro» alrededor de los fármacos GLP-1 (como Ozempic, Wegovy o Mounjaro). El hallazgo central es contundente: las personas que dejan de tomar estos medicamentos recuperan el peso perdido en menos de 1,7 años, a un ritmo medio de 0,4 kilogramos mensuales. Esta recuperación es significativamente más rápida que la observada tras abandonar programas convencionales de dieta y ejercicio, donde el retorno al peso inicial lleva casi cuatro años.
El análisis detalla que, en los primeros 12 meses tras suspender el tratamiento, las personas recuperan una media de 4,8 kg con cualquier medicamento, 6 kg con agonistas de incretinas como Exenatida, y 9,9 kg con los fármacos más potentes (semaglutida y tirzepatida). Quizás más preocupante es que los beneficios cardiometabólicos (sobre colesterol, triglicéridos, glucosa y presión arterial) se revierten en aproximadamente 1,4 años.
Sam West, investigador de la Universidad de Oxford y autor principal, explicó un hallazgo clave: “La velocidad de recuperación de peso dependía principalmente de cuánto peso se había perdido. Más pérdida de peso equivale a recuperación más rápida del peso. Por eso las personas recuperaban peso más rápido después de los agonistas de GLP-1: porque habían perdido más peso”. Sin embargo, incluso controlando por la cantidad de kilos perdidos, la recuperación sigue siendo más rápida tras medicamentos que tras intervenciones conductuales.
El profesor Adam Collins, de la Universidad de Surrey, ofrece una explicación crucial: proporcionar niveles artificialmente altos de GLP-1 puede hacer que el cuerpo produzca menos GLP-1 natural y sea menos sensible a sus efectos. “No hay problema mientras tomas los fármacos, pero en cuanto retiras este arreglo… el apetito deja de estar controlado y comer en exceso se vuelve mucho más probable. Como cualquier adicción, dejarlo de golpe es un verdadero desafío”, afirma.
El análisis también reveló que los programas de apoyo conductual durante el tratamiento no redujeron la velocidad de recuperación posterior. West aclara: “Es posible que, como la medicación funciona para reducir el hambre, eso socave el valor de los esfuerzos conscientes de dieta y actividad física”. En otras palabras, el fármaco hace el trabajo tan bien que los pacientes nunca aprenden a controlar su propio apetito.
John Wilding, catedrático de la Universidad de Liverpool y coautor de varios ensayos, defiende una perspectiva de enfermedad crónica: “La obesidad es una enfermedad crónica que suele recaer cuando se suspende el tratamiento. No esperamos que las intervenciones para otras enfermedades crónicas sigan funcionando cuando se interrumpen”. Sin embargo, advierte que en países como EE.UU., aproximadamente el 50% de las personas abandonan estos medicamentos en los primeros 12 meses.
En un editorial adjunto, Qi Sun, profesor de Harvard, es directo: “Los medicamentos para la pérdida de peso no deberían considerarse como balas mágicas para tratar la obesidad. Las prácticas dietéticas y de estilo de vida saludables deberían seguir siendo la base del tratamiento, con medicamentos usados como complementos, no como sustitutos”.
Naveed Sattar, catedrático de la Universidad de Glasgow, matiza que “el uso continuado de estos medicamentos durante 3-4 años permite mantener un peso significativamente menor”, pero reconoce que esto requiere acceso continuado y precios asequibles. West admite una limitación clave: se necesitan “datos del mundo real” para entender mejor las tasas de abandono y recuperación fuera de los ensayos clínicos.
La conclusión del análisis refuerza que no existen milagros y que una dieta sana y el ejercicio siguen siendo vitales. Sun enfatiza la necesidad de medidas de salud pública como “la tributación sobre bebidas azucaradas, el etiquetado claro de alimentos y subsidios para frutas y verduras frescas” para facilitar una mejora sostenible en la calidad de la dieta de la población.
Con información de saludnews







