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Los seres humanos que usan bata blanca

Los seres humanos que usan bata blanca
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Por: Yesenia Barrios / Especialista en Marketing Digital

En los últimos tiempos, las noticias sobre agresiones a médicos y personal de salud en centros hospitalarios de la República Dominicana han generado preocupación nacional. Incidentes ocurridos principalmente en áreas de emergencia han puesto en evidencia un clima de tensión creciente dentro de los servicios de salud, donde el miedo, la frustración y el agotamiento conviven a diario.

Nada justifica jamás la violencia contra un profesional de la salud. Como tampoco se puede ignorar que muchos pacientes y familiares llegan a un hospital en estados de angustia extrema. Entre ambas realidades —dolor del paciente y sobrecarga del sistema— se encuentra una figura que muchas veces es vista como responsable de todo: el médico.

Después de cientos de conversaciones con médicos de distintas especialidades, niveles de experiencia y realidades laborales, hay una verdad que se repite con una fuerza que a veces pasa desapercibida: detrás de cada bata blanca hay un ser humano.

El imaginario colectivo ha colocado al médico en un pedestal casi mítico: el que siempre sabe, el que siempre puede, el que nunca se equivoca, el que debe estar disponible emocional y físicamente en todo momento. Sin embargo, desde la mirada del marketing médico —que no se trata solo de promoción, sino de construcción de relaciones humanas en salud— es imposible ignorar lo evidente: el médico también siente, se cansa, se frustra y vive bajo presión constante.

El médico idealizado vs. el médico real

El médico idealizado es una figura técnica, casi mecánica, que resuelve. El médico real es una persona que:

  • Trabaja largas jornadas
  • Toma decisiones críticas bajo presión
  • Maneja el dolor, el miedo y la ansiedad de otros todos los días
  • Llega a casa con responsabilidades familiares
  • Paga cuentas, impuestos y enfrenta preocupaciones personales

Y, aun así, al día siguiente vuelve a ponerse la bata blanca.

El problema es que el sistema de salud —tanto público como privado— muchas veces exige resultados de excelencia en condiciones que están lejos de ser ideales.

La experiencia del paciente no depende solo del médico

En los últimos años, se ha avanzado mucho en hablar de experiencia del paciente. Se diseñan protocolos, se capacita en trato humanizado, se modernizan espacios… pero hay una verdad estructural que no siempre se comunica con claridad:

La experiencia del paciente no está completamente en manos del médico.

Gran parte de esa experiencia depende de factores sistémicos como:

  • Tiempos de espera prolongados
  • Procesos administrativos lentos
  • Autorizaciones de ARS que retrasan estudios o tratamientos
  • Falta de personal de apoyo
  • Infraestructura limitada
  • Sobrecarga de emergencias

En este contexto, el médico muchas veces hace lo mejor posible con los recursos disponibles, pero no controla el sistema que lo rodea. Y cuando el paciente vive una experiencia negativa, la frustración suele dirigirse hacia la cara visible del sistema: el profesional de salud.

Estrés acumulado: pacientes y personal de salud

En una sala de espera o en una emergencia conviven dos realidades cargadas de tensión:

El paciente y su familia

  • Angustia
  • Miedo
  • Incertidumbre
  • Dolor físico o emocional

El personal de salud

  • Fatiga física
  • Presión asistencial
  • Responsabilidad legal y ética
  • Saturación de servicios

Nada de esto justifica jamás una agresión a un médico, y tampoco justifica un maltrato hacia un paciente que está viviendo uno de los momentos más vulnerables de su vida.

Lo que sí explica es que ambos lados están sometidos a un nivel de estrés que el sistema muchas veces no está diseñado para contener.

El rol del marketing médico en humanizar la relación

Aquí es donde el marketing médico adquiere un valor que va mucho más allá de la publicidad.

El marketing médico bien aplicado:

  • Humaniza al profesional
  • Educa al paciente
  • Mejora la comunicación
  • Fortalece la relación médica–paciente

Entender la humanidad del médico también es responsabilidad ciudadana

Como sociedad, necesitamos empezar a ver la bata blanca no como una armadura, sino como lo que realmente es: ropa de trabajo de un ser humano.

Un ser humano que:

  • También se equivoca
  • También se cansa
  • También se estresa
  • También siente impotencia cuando el sistema no le permite hacer todo lo que quisiera por su paciente

Reconocer esto no debilita la figura del médico. La hace más cercana, más real y, paradójicamente, más confiable.

Conclusión

Humanizar la salud no es solo poner frases bonitas en una pared de hospital. Es entender que la relación médico–paciente ocurre dentro de un sistema con limitaciones, tensiones y fallas estructurales.

El marketing médico, cuando se ejerce con ética y propósito, se convierte en un puente:
acerca al paciente al médico y también ayuda a que el paciente comprenda que quien lleva la bata blanca sigue siendo, ante todo, un ser humano.

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