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¿Más obstetras… o un mejor sistema obstétrico?

¿Más obstetras… o un mejor sistema obstétrico?
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Por: Dr. Ariel Leonor / Ginecólogo Obstetra- Colposcopista

Voy a decir algo que quizás incomode a algunos colegas, pero creo que ya es momento de hablarlo con honestidad.

Durante años hemos repetido la misma fórmula: cuando vemos problemas en la atención obstétrica, la primera reacción es pedir más plazas de residencias en Ginecología y Obstetricia. Parece una solución lógica. Pero la pregunta que debemos hacernos es más profunda:

¿Realmente ese es el problema del sistema?

La obstetricia moderna en el mundo funciona sobre un principio muy claro: el trabajo en equipo.

La evidencia internacional muestra que la mayoría de los embarazos —más del 70 %— son de bajo riesgo. En muchos países estos embarazos son acompañados principalmente por enfermeras obstétricas o parteras certificadas, profesionales altamente capacitadas que lideran el control prenatal y la atención del parto normal.

Mientras tanto, el ginecólogo obstetra se enfoca en lo que realmente requiere su nivel de especialización:

• Alto riesgo obstétrico• Complicaciones• Cirugías• Infertilidad• Medicina materno‑fetal

Este modelo no le quita valor al ginecólogo. Al contrario: protege su tiempo, fortalece su formación y permite que su capacidad se utilice donde realmente es necesaria.

Sin embargo, en nuestro país hemos construido un sistema diferente.

Aquí el ginecólogo termina haciendo absolutamente todo: desde el control prenatal más simple hasta la emergencia obstétrica más compleja.

Eso no solo satura al especialista, sino que también limita el desarrollo de otros profesionales de la salud que podrían fortalecer enormemente el sistema, y aquí aparece un dato que debería llamarnos profundamente la atención:

En todo el país apenas contamos con alrededor de 53 enfermeras obstétricas formadas.

En un sistema de salud que atiende cientos de miles de embarazos cada año, esta cifra refleja una realidad preocupante: estamos construyendo la atención materna sobre una estructura incompleta.

Tenemos miles de profesionales de enfermería, pero muy pocas con formación especializada en obstetricia.

Mientras tanto, seguimos colocando sobre los hombros del obstetra todo el peso de la atención materna.

A esto se suma otro problema: abrir residencias de obstetricia y ginecología sin suficiente fortaleza académica, muchas veces impulsadas más por la necesidad de mano de obra para enfrentar la carga asistencial que por un verdadero proyecto formativo.

Cuando un sistema depende de que una sola figura profesional lo haga todo, ese sistema tarde o temprano empieza a mostrar grietas.

Tal vez el debate que debemos abrir como país no es solo cuántos ginecólogos estamos formando, sino también cuántas enfermeras obstétricas estamos preparando para trabajar junto a ellos.

La experiencia internacional es clara: los países que han logrado reducir de manera sostenida la mortalidad materna han fortalecido los equipos obstétricos, integrando de manera estratégica a las enfermeras obstétricas dentro del sistema de atención.

No se trata de protagonismos profesionales. No se trata de defender territorios. Se trata de algo mucho más importante: la calidad de la atención que reciben nuestras mujeres y nuestros recién nacidos.

Los países que han logrado reducir de manera sostenida la mortalidad materna no lo hicieron con héroes individuales.

Lo lograron construyendo equipos obstétricos sólidos, organizados y bien entrenados. Quizás ha llegado el momento de que también nosotros abramos ese debate. Porque mejorar la salud materna no depende solo de formar más especialistas, depende de formar el equipo correcto.

Un sistema obstétrico moderno no se construye solo con más obstetras, sino con equipos completos donde las enfermeras obstétricas tienen un rol fundamental.

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